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Victoria sobre Taco Bell

¡trabajadores agrícolas + aliados ganan boicot histórico de 4 años!

En el comienzo del siglo 21, los trabajadores agrícolas en los Estados Unidos trabajan en condiciones pésimas, ganando salarios miserables y sin derechos y protecciones básicas, incluyendo el derecho de organizarse y el derecho a pago de tiempo extra y beneficios. Mientras las corporaciones de comida rápida y los supermercados más grandes reportan ventas y márgenes de beneficios que son cada día más grandes, los trabajadores agrícolas que piscan los frutas y vegetales ganan un sueldo por pieza que no ha cambiado de una manera significante en tres décadas. En los casos más extremos, los trabajadores enfrentan condiciones de esclavitud moderna.

En medio de un clima de miedo y violencia, la Coalición de Trabajadores de Immokalee (CIW)—una organización comunitaria de base compuesta mayormente de trabajadores agrícolas latinos, haitianos y mayas—empezó a organizarse para enfrentar estas condiciones de explotación en los campos de la Florida. Después de varios años, la CIW empezó a analizar el papel que la industria de comida rápida, con su gran poder de compras y demanda enorme para frutas y vegetales, juega en mantener estancados los sueldos de los trabajadores agrícolas. Para iluminar el enlace mayormente invisible que existe entre la industria de comida rápida y los grandes rancheros basados en la Florida, la CIW emprendió el boicot de Taco Bell—el primer boicot de una corporación de comida rápida llamado por trabajadores agrícolas—el día 1 de abril de 2001.

Durante los cuatro años del boicot, algo que comenzó como una lucha local en un pueblo remoto de la Florida llegó a ser un movimiento nacional dirigido por los trabajadores. En marzo de 2005, la CIW—con el apoyo tremendo de aliados jóvenes, comunitarios, laborales y de fe—llegó a un acuerdo sin precedentes con Taco Bell que forzó la corporación a tomar responsabilidad por las condiciones enfrentadas por los trabajadores agrícolas que piscan sus tomates. El acuerdo creó una asociación entre Yum Brands, la compañía madre de Taco Bell, y la CIW, así estableciendo varios precedentes importantes para crear una verdadera responsabilidad social dentro de la industria de comida rápida.

Entre estos precedentes, Taco Bell acordó pagar un centavo más por libra por los tomates que compra de rancheros basados en la Florida, un aumento que tiene la capacidad de doblar los sueldos de miseria que ganan los trabajadores. También acordó establecer el primer código de conducta aplicable a los surtidores agrícolas de los Estados Unidos. La victoria representa no solamente ganancias concretas con respeto a los sueldos y los derechos laborales fundamentales de los trabajadores agrícolas, sino que establece la base de grandes cambios que vendrán en el futuro, tanto para los trabajadores agrícolas como para todos los trabajadores de bajos sueldos que enfrentan condiciones de explotación en la cadena de surtidores de la industria de comida rápida.

Siguiendo el liderazgo de la CIW, los jóvenes jugaron un papel crucial en el éxito de la campaña, refutando decisivamente la evaluación negativa de Taco Bell sobre nuestra generación. Como parte de sus investigaciones sobre su mercado, los analistas de Taco Bell concluyeron, “Para atrapar capacidades de concentración cada vez más cortas – y una demanda insaciable para la novedad – los comerciantes de hoy necesitan seguir el ejemplo de la industria de entretenimiento con una corriente constante de productos nuevos… esta sensibilidad de la vida en la vía rápida también aviva impulsos hedonísticos, de fiestas a comida con sabores intensos”. Llamados cínicamente “La generación neo-hedonística”, jóvenes de 18 a 24 años de negaron a seguir pasivamente el guión y en cambio pusieron el blanco en Taco Bell, así convirtiendo su más grande ventaja – su marca que vale un billón de dólares – en su más grande estorbo.

Para corporaciones de Nike a Taco Bell, de Urban Outfitters a McDonald’s, la imagen es todo. Debido a esta obsesión con marcas, Taco Bell gasta cien millones de dólares cada año en campañas que definen sus productos como “a la moda” en los ojos de sus jóvenes consumidores. El alcance de esta comercialización agresiva dentro de las vidas de los jóvenes es grande. El sitio de web de Taco Bell presume que 147 millones de personas, aproximadamente la mitad de la población de los Estados Unidos, ven un anuncio de Taco Bell por lo menos una vez por semana.

De hecho, un astuto chihuahua les enseño a millones de personas como expresar su afección hacia la compañía. Pero la adición de una palabra de dos letras al eslogan bien financiado cambió radicalmente el mensaje. “Yo quiero Taco Bell” se convirtió en “Yo no quiero Taco Bell” en los campuses, los centros comunitarios y en las calles durante las protestas y manifestaciones que se hicieron por todo el país. Taco Bell aprendió que subestimar el mercado en el cual se centraba es un error costoso mientras una descentralizada red de solidaridad se difundió de Florida a más de 300 universidades y 50 colegios por todo el país. Estos jóvenes trastornaron el control que tenía Taco Bell de su imagen cuidadosamente creada, organizando eventos educativos y acciones directas, participando en giras que cruzaron el país, y atrayendo la atención de medios nacionales como Democracy Now! y el Washington Post.

Es más, estos estudiantes se organizaron activamente para cortar o prevenir contratos entre sus instituciones y Taco Bell. Cuando Taco Bell por fin se rindió hacia las demandas de la CIW, estudiantes de 22 universidades y colegios habían “Botado la Campana” (“Booted the Bell”) de sus campuses. Esta ola increíble de activismo estudiantil representó un factor clave en la victoria de la CIW. Cuando se acabó el boicot, habían más de 20 campañas adicionales en campuses de Texas a Maine a Idaho. “Fuimos parte de ganar una de las victorias más grandes en contra de la avaricia corporativa y la explotación que ha visto nuestra generación—el final del boicot de Taco Bell y justicia para los trabajadores agrícolas de Immokalee—y apenas hemos comenzado”, dijo Melody González, una estudiante de Notre Dame quien trabajó para exitosamente Botar la Campana de este campus.

Muchos estudiantes fueron completamente nuevos al activismo por la justicia social, y sus razones para participar en el boicot variaban. Algunos se atrajeron a la campaña por sus lazos al movimiento por justicia global y su análisis con un enfoque en la globalización corporativa. Para otros, las razones eran más personales. De acuerdo con Denise Rodríguez, una estudiante de la Universidad de Tejas – San Antonio y miembra de MEXA de San Antonio, “Como hija de una trabajadora migrante, el pensamiento de tolerar la presencia de una institución similar a la que oprimió a mi madre y la previno de seguir con su educación me repugnó. Hubiera sido como darle una bofetada a mi madre – y a mí – tener a Taco Bell en el campus donde yo continúo con mi educación, por lo menos hasta que Taco Bell tome el liderazgo y reconozca los derechos humanos de los trabajadores que ponen los tomates dentro de sus tacos”.

Entre abril de 2001 y marzo de 2005, nueve organizaciones nacionales estudiantiles endorsaron oficialmente al boicot de Taco Bell, incluyendo 180 Movement for Democracy and Education; Campus Greens; Movimiento Estudiantil Chicano de Aztlán (MEChA); Student Environmental Action Coalition; Student/Farmworker Alliance; Student Peace Acioin Network; Students Transforming and Resisting Corporations; Student Labor Action Project; and United Students Against Sweatshops.

 

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